miércoles, 18 de junio de 2014

Lo llaman desamor

LO LLAMAN DESAMOR, LO LLAMAN SOLEDAD. 

El eco de sus pasos resuena con fuerza en las calles vacías, empapadas y grises, inundadas de recuerdos ahora carentes de sentido. 

Sin rumbo, camina sin rumbo, con el corazón herido, marchito, abandonado, perdido, ahogado, casi desamparado. 

Es como si le hubiesen clavado mil espinas en el corazón y se lo hubiesen arrancado, para luego quemarlo a lo bonzo. 

Ese nombre, su nombre, suena extraño, lejano, vacío, perdido por la ruta de la indiferencia. No le dio tiempo ha asimilarlo todo. Una tormenta ha caído sobre su alma, el frío ha matado la esperanza. 

Vuelve a llover sobre mojado. Rosas marchitas que esperan un destino. No le queda más remedio que seguir, pero todo se ha parado. Se heló el tiempo. 

 Un millón de lágrimas congeladas en los ojos, una niebla negra que envuelve su ser. Un dolor permanente y agudo, que no se va. Un tango hacia la desesperación, un taconeo angustioso mientras la negra venda de los ojos cae sinuosa, danzante, hacia el empapado suelo. 

 Por mucho que las palabras fueran amables y elegantes sigue doliendo igual. Existe, pero no vive. 

 Es curioso cómo en un instante unas palabras pueden darte la vida o hacerte caer en el más profundo de los abismos.

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