miércoles, 18 de junio de 2014

La Caja de Música (Parte 3)

De repente, la puerta se abrió. La habitación estaba muy iluminada, a pesar de la hora que era. La luz de la luna llena bañaba el cuerpo de Elora, lleno de magulladuras e inerte en el centro de las estancia desamueblada. Dietrich corrió hacia ella con el corazón en un puño, pero se relajó al comprobar que tenía pulso y que respiraba. Intentó que reaccionase pero fue inútil. 

Un fuerte vendaval helado azotó la sala. El espectro fantasmagórico, tenebroso y amenazante de la mujer apareció frente a ellos. El chico cogió a la joven entre sus brazos para evitar que pudiera acercarse a ella. La mujer se deslizó hacia ellos, con odio permanente en la mirada. 

-¡Lárgate y déjanos en paz!-gritó Dietrich-¡Y nos iremos si así lo deseas! El fantasma rió fríamente, mas no se detuvo. 
 -¡no te acerques más!-el ser parecía ignorarlo.- ¡aléjate! ¡No toques a Elora! 

 Ante el nombre de la muchacha, el espectro retrocedió y la miró con curiosidad. Parecía sorprendida. 

-¿Elora…? - Era la primera vez que hablaba, pero Dietrich reconoció la voz. 

 -¿Sra. Balzac……?-la madre de la chica había fallecido en un accidente cuando ésta sólo tenía quince años. 

 La mujer miró al chico, perpleja. El pelo oscuro alborotado, los ojos verde jade bañados en lágrimas, la piel blanquecina más pálida de lo habitual…. 

 -Dietrich…-el murmullo del ser fue dulce, suave. Su aspecto cambió de improviso, entre una luz cegadora y dio paso al fantasma translúcido de Arienne Balzac. Era casi idéntica a su hija. De cabello castaño, con amplios bucles, de mirada amable y ojos aguamarina. De pequeña estatura, rasgos delicados y una sonrisa sincera en sus labios rosados. Volvió a mirar a la chica, que despertaba en ese instante. 

 Elora estaba confusa, no recordaba bien lo que había ocurrido minutos antes, en aquel cuarto. Miró a Dietrich, empapado en lágrimas incontrolables. Se incorporó y lo que vio la dejó pasmada. 

 -mamá…-la palabra se quebró nada mas salir de su boca. 

 -Elora….lo siento…perdóname….Solo quería que regresaras….-El fantasma se desvaneció en el aire, dejando tan solo la caja de música con forma de tiovivo en su lugar. A pesar de que parecía algo imposible, Elora hubiera jurado que estaba llorando. 

 -¡Mamá, espera!- pero ya era tarde. Había desaparecido. La muchacha cogió el tiovivo y lo abrazó con ternura. Una lágrima silenciosa le resbaló por la mejilla. 

 -será mejor que regresemos, Lora…-Dietrich se limpió con fuerza las lágrimas del rostro. 

Ella le sonrió y, sin decir nada mas, lo abrazó. Tras la sorpresa inicial, el chico le correspondió el gesto de cariño. Afuera una paleta de vistosos colores inundaba el cielo y los primeros rayos de sol golpearon sobre las montañas y bañaron el pueblo. Amanecía. 

 * * * *

 -¿Y qué piensas hacer con la casa de tus abuelos?-Dietrich estaba apoyado en la pared de la estación de tren, junto a Elora. 

 -rehabilitarla y utilizarla-contestó ella-Después de todo, solo falla la electricidad. ¿O eso también fue cosa de mi madre? 

 -No, eso es cosa de la instalación-ambos rieron-Bueno, supongo que nos veremos por Lyón…

 -¿Tú también vives allí?- 

 -¿Crees en serio que tengo suficiente dinero para ir y venir todos los días a la facultad de Derecho al precio que está la gasolina? 

 -Supongo que no…-la joven se encogió de hombros-¿aún no has terminado la carrera? 

 -No todos tenemos tu cerebro-contestó él, medio en broma 

 -Ya...bueno...Yo tampoco soy un genio… 

 -si que lo eres-insistió Dietrich, sonriendo para, a continuación, ponerse serio 

 -¿Ocurre algo?- preguntó elora al ver su expresión. 

 -Esto…Lora… ¿Crees que podríamos quedar en Lyón?- preguntó Dietrich a bocajarro- Para ir al cine….o a tomar algo…. 

 -Si, claro-Elora sintió cómo se le subían los colores- ¿Porqué no? 

El chico sonrió tímidamente y le entregó un paquete pequeño rectangular 

 -¿Y esto?- Elora estaba sorprendida 

 -Lo vi en el escaparate de la tienda de antigüedades del pueblo y pensé que te gustaría-admitió él-No lo abras hasta que estés en el tren. 

 -Gracias Dietrich- la joven le dio un abrazo y un beso en la comisura de los labios. 

 -Igualmente, Lora- contestó el aludido, viendo como la chica se alejaba.  

La muchacha se acomodó en un asiento junto a la ventanilla. Había muy poca gente en aquel tren, a penas diez personas. Tomó con cuidado el regalo del joven y lo desenvolvió con curiosidad, Era una cajita de madera, con aspecto de joyero, no muy grande y tallada a mano.
La abrió con cuidado, una agradable melodía comenzó a sonar. Elora sonrió de forma soñadora mientras contemplaba el paisaje y se dejaba embriagar por el sonido de aquella caja de música.

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