miércoles, 18 de junio de 2014

La Caja de música (Parte 1)

Elora despertó ante la luz cegadora que entraba por la ventana de la habitación del hotel. Había dormido bien. Demasiado bien, la verdad. Esa había sido la primera vez en los últimos meses que no se había accionado la antigua caja de música en plena noche. Y es que, desde que la recibió, junto con la llave de la casa de sus abuelos, no había habido una sola madrugada en la que no hubiese sonado aquella melodía infantil, junto con el movimiento de las figuras. 

La caja de música ni siquiera era una caja, era un viejo tiovivo de latón con un mecanismo arcaico para hacerlo funcionar al darle cuerda. Pero Elora no le había dado cuerda y, pese a todo, la música sonaba y el tiovivo giraba. Un día, cansada de todo aquello, hizo las maletas y se fue a St.Thomas, un pueblecito cercano a Lyón, hogar de sus abuelos maternos. Pese a haber heredado la casa de éstos, la muchacha prefirió hospedarse en el rústico y pintoresco hotel, regentado por una amiga de su madre. 

Aquella mañana no hacía calor, pese a estar en pleno verano. La joven bajó a desayunar temprano, con un libro entre las manos. El olor a tostadas y café recién hecho inundaba el ambiente. Nada más entrar al comedor, las pocas personas que se encontraban allí la miraron con ojos curiosos. 

 -Veo que ya estás despierta -Dijo la dueña del hotel, acercándose-Puedes sentarte por aquí, junto a la ventana. 

 -Gracias, Sra. Marceau-contestó la joven, acomodándose en la silla.

 -Llámame Carol, querida. ¿Quieres tostadas o crêpes con el café con leche? 

 -Crêpes mejor, por favor 

 La mujer sonrió y se alejó. Poco después, tras desayunar, una voz la sacó de su lectura. Un joven más o menos de su edad se había sentado frente a ella. 

 -así que era cierto…Elora Balzac ha vuelto al pueblo-dijo estudiándola con sus profundos ojos verdes. Ella apartó el libro y lo miró con cara de pocos amigos, frunciendo el ceño- No me malinterpretes, pero eres el tema principal del día. 

 -Créeme, no era esa mi intención-contestó la aludida de manera cortante. 

 -Bueno…hace años que no vienes por aquí. Desde los quince según he oído. Es normal que sientan curiosidad por tu repentina visita. ¿Cuántos años han pasado, ocho?- 

 -Si - el siseo de la joven a penas fue eludible

 -Eres mas fría y cortante de lo que eran tus abuelos 

 -Y tu te estás entrometiendo demasiado… 

El joven se levantó, riendo 

 -Deberías dejar de leer libros que te sabes de memoria, hay más novelas a parte de 'Orgullo y Prejuicio' y no me refiero a 'Sentido y sensibilidad'- 

 -¿Y tú como sabes…- la pregunta de la chica fue ahogada por Carol. 

 -Dietrich, hazme el favor de llevarle este paquete al Sr. Florence- 

 -Si, madre-dijo el joven, alejándose Elora se quedó de piedra. Había estado hablando con su amigo de la infancia y no se había percatado. 

 * * * * 

-Vamos a ver si lo he entendido-Dietrich estaba sentado frente a Elora, en la terraza de un café-¿Has venido hasta aquí solamente porque el viejo tiovivo de tu abuelo se pone en marcha todas las noches a las cuatro de la mañana sin tocarlo siquiera? 

 -Exacto-Confirmó la chica. 

Había decidido contarle a Dietrich la razón de su regreso. Después de todo era su amigo y seguramente podría ayudarla, así que había quedado con él para desayunar. 

 -Bien…no se qué decirte… ¿No será que está roto?

 -Lo llevé a un anticuario y me dijo que estaba en óptimas condiciones 

 -¿y piensas que aquí encontrarás algo? 

 -No lo sé, pero creo que en la casa de mi abuelo hallaré una explicación lógica

 El moreno miró a la chica, con una sonrisa misteriosa. El viento removió el cabello castaño claro de la joven. 

 -¿Y si no hubiese explicación lógica? 

 -Imposible. Siempre la hay, Trich-contestó la joven 

 -Eres demasiado racional, Lora- 

 -Y tú demasiado fantasioso. Tienes veintidós años, deja de pensar en fantasmas

 -¿Te atreves a venir conmigo esta noche a esa casa?-retó Dietrich-¿O a caso tienes miedo de enfrentarte a tu pasado y a los fantasmas? 

 - De acuerdo, iremos. Y te demostraré que los fantasmas no existen

* * * *

 El silencio matinal reinaba en la habitación de Elora. En ese momento, una música infantil inundó el cuarto y un tiovivo comenzó a girar lentamente……

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