domingo, 18 de mayo de 2014

Carnaval Veneciano


Venecia. Año 2015. Carnaval.

La bella ciudad italiana de Venecia brillaba en júbilo y entusiasmo. Sus ciudadanos preparaban con afán el famoso y esperado carnaval, que a tantos visitantes atraía cada año.
La gente decoraba las calles y le daba los últimos retoques a los disfraces y máscaras. Cada disfraz único, cada máscara especial. Aquella noche era la gran inauguración y todo debía estar perfecto. No podían cometer ningún error o fallo.
En una de las estrechas calles venecianas, divididas por hermosos canales de agua por donde pasaban las típicas góndolas, había una tienda de máscaras y disfraces. Pequeña y casi escondida a la vista de los transeúntes, sus máscaras eran verdaderas obras de arte.
Era un negocio familiar. Un lugar recogido y agradable. Tanto las paredes como el techo de dentro eran de madera y estaban recubiertos de vitrinas y estantes abarrotados de máscaras y extraños trajes. Un mostrador con una caja registradora y una trastienda a su espalda completaban la escena. El lugar olía a polvo y a naftalina.

Dentro del local se encontraban cinco amigas eligiendo su máscara propia. No tendrían más de diecinueve o veinte años y reían y compartían opiniones sobre los distintos modelos. Aunque, para ellas, aquel festival era solo un día más de trabajo.

Ariadna, una joven de un metro cincuenta y ocho de altura, cabello largo y castaño claro, piel pálida y extraños y misteriosos ojos dorados miraba con detenimiento las exquisitas creaciones del dueño de la tienda. Eran verdaderamente hermosas, pero ninguna de ellas era lo que estaba buscando.

Kassandra, de un metro sesenta de altura, cabello largo, ondulado y rubio y penetrantes ojos color mar estaba indecisa entre dos máscaras, y discutía sobre ello con Dakota. Una chica que medía uno sesenta y siete, de piel blanca como la leche, cabello largo, lacio y negro como la noche y  una profunda mirada esmeralda.

Por el contrario, Kimberly ya tenía elegida la suya. 
Medía un metro setenta. Tenía el cabello a media melena y de color rojo fuego y los ojos negros. Y lucía un bonito bronceado casi siempre. 

Kate también había hecho su elección y en ese momento jugueteaba con los rizos de su cabello, de color cobrizo, miraba fijamente a sus amigas con sus pardos ojos y recargaba su metro sesenta y tres en la pared más cercana.

-¿Os habéis decidido ya?- Preguntó Kimberly a sus amigas, mientras observaba detenidamente su máscara. Era ancha, de color verde oscuro y con dibujos de hojas y vegetación.

-Yo sí, Kim. Son estas pesadas las que no se deciden.- Respondió Kate mientras le mostraba su elección. Una preciosa y alargada máscara de color grisáceo con marcas de espirales y líneas curvas.

-Eso dilo por ellas dos.- añadió ofendida Dakota- Yo ya tengo la mía.

La chica cogió rápidamente una mascara de tonalidades rojizas y anaranjadas y con grabados de chispas y ascuas.

-Muy bien. Entonces yo me quedo con esta- Sentenció Kassandra, escogiendo una hermosa mascara color azul, con marcas blancas simulando la espuma del mar y olas grabadas en los bordes.

-Venga, Aria. Que eres la última- La apremió Kimberly.-Decídete ya.

La chica estuvo pensando un poco, hasta que cogió una máscara completamente negra, con grabados de lunas y purpurina plateada decorándola.

-Me quedaré con esta.....-dijo casi de inmediato.

-¡Pero, Ariadna....Se supone que vamos a ir de elementos naturales!- Protestó Kassandra.

-Hacedme un favor y contad cuales son los elementos. Agua, fuego, tierra y aire.- aclaró ella- Ya estáis las cuatro. Por lo tanto yo iré de otra cosa.-

Las chicas resoplaron. Nunca conseguían ir todas de un mismo tema. Pues, cuando no era una, era la otra.

Tras pagar las máscaras se dirigieron al lugar donde se alojaban lo más rápido que pudieron. Pues tenían que terminar sus disfraces para aquella noche.

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El carnaval estaba en todo su esplendor. Música, jolgorio, diversión y la tradicional costumbre de no ser reconocido por nadie. 
Un grupo de cinco chicas caminaba lentamente entre la gente. Cuatro de ellas representaban a los cuatro elementos naturales; agua, fuego, aire y tierra. Pero la quinta amiga iba disfrazada de forma distinta. Llevaba una larga túnica negra en su totalidad  y una máscara del mismo color, decorada con purpurina plateada. Sus amigas no parecían muy contentas de su elección.

- Ariadna…. podrías haberte currado un poco mas el disfraz, ¿no crees?- resopló Dakota- Así parece que vas de la parca, en lugar de ir de noche.-

-¡Eso nunca!-Exclamó la joven con fingida ofensa- ¡Ella tiene mas estilo que yo!-

Las chicas rieron ante las palabras de su amiga. Sabían que tenía toda la razón.

En ese momento, se estrellaron contra cinco chicos que no miraban bien por donde caminaban. Cuatro de ellos iban representando a las estaciones del año. El quinto iba de dorado, representando al día.
Los rostros de las chicas se ensombrecieron al reconocer ese estilo. No les agradaban en absoluto las personas que se encontraban bajo los disfraces. Y, al parecer, los chicos reaccionaron de igual forma. Sus miradas llenas de rencor y amargura se cruzaron y chispas de tormenta cruzaron el ambiente, que se había vuelto terriblemente tenso para todos.
El joven disfrazado de día sonrió sarcásticamente y clavó sus ojos azul oscuro en Ariadna. Esta le sostuvo una mirada gélida y llena de odio.

-Vaya, vaya……vosotras por aquí……vaya sorpresa……-dijo con voz fingida.

-Si. ¿Otra vez venís a fastidiarnos el trabajo, Hayden?- Preguntó secamente Ariadna.

-De eso nada-Dijo el joven que iba disfrazado de  invierno-

-si, claro……-respondió  Kate - no somos tontas, Garret.-

-Solo venimos a trabajar- añadió el que iba de verano.

-Vuestro trabajo es nuestro fracaso, Bill.- apuntó Kassandra, de manera fría.

-¿en serio?-Preguntó el representante de la primavera- ¿es eso cierto, Kimmy?

-No te hagas el despistado, Nathan- dijo Kimberly- y no vuelvas a llamarme así.

-Mirad, chicas…..Solo cumplimos órdenes. No es nada personal- aclaró  el chico que iba de otoño.

-Nosotras también, David- sentenció Dakota - así que no os entrometáis.

Los chicos rieron socarronamente y se marcharon del lugar tan misteriosamente como habían llegado.

-¿Creéis que debemos informar a La Dama de esto?- preguntó Kassandra

-No lo sé, Kassie……-contestó Ariadna -no creo que le haga mucha gracia saber que el tiparraco ese del arco y las flechas ha vuelto a mandar a sus Querubines a hacer su trabajito……y a estropear el nuestro.-

-Puede que le guste el reto-sugirió Kate-

-¿es una broma, Kate?- se alarmó Kimberly

-Quizás Kate tenga razón, Kim.- dijo Dakota- ¿recordáis lo que sucedió en el Romanticismo?

-¡Como olvidarlo!- exclamó Ariadna - Vaya época más mala que pasamos. Mientras que el de las flechitas y La Dama competían y jugaban con los sentimientos de los mortales esos malditos Querubines y nosotras no tuvimos tiempo libre, a penas. ¡Amor y muerte fusionados! Menos mal que eso ya pasó……-

-Pues vamos a decírselo- sentenció Kassandra-Es lo mejor para todos.

-Vale. De todas formas ellos ya habrán informado a su jefe.- apoyó  Kate.

-Eso seguro. Imaginad que dirán de nosotras esos cinco...-Dijo Kimberly.

-Pues lo de siempre……-suspiró Ariadna - Lo más probable es que le digan a Cupido que La Muerte ha vuelto a enviar a sus Moiras para chafarles el trabajo. Y yo me pregunto cuando acabarán estas tontas competencias-

-Jamás, Aria- dijo Dakota- Si se acabaran se terminaría la existencia en este mundo, ¿no es verdad?-

Las jóvenes asintieron mientras hermosas alas de plumas negras emergían de sus espaldas y desaparecían entre una extraña nube gris…………

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