jueves, 24 de abril de 2014

Capítulo V


Capítulo V: Erina

Erina entró de golpe en casa, rezando para que Aradia no hubiese salido a dar uno de sus esporádicos paseos. Por suerte, encontró a la joven leyendo un libro en su habitación. Ésta levantó la cabeza y la miró extrañada, al verla tan agitada.
— ¿Ocurre algo? — Le preguntó — ¿Qué haces aquí tan pronto?
— No hay tiempo para explicaciones — Replicó la mujer, mientras sacaba una mochila del armario — Tienes que irte de aquí. Ya.
Erina entendía perfectamente la cara de desconcierto de Aradia, pero no podía pararse a explicarle la situación. Comenzó a meter algo de ropa de la chica en la mochila, algunos amuletos y una bolsa de piedras preciosas y semipreciosas conjuradas mientras sentía la mirada perpleja de su protegida sobre ella y se aseguró de esconder un fajo de billetes en el forro de la mochila antes de cerrarla.
— Tía Erina…Me estas asustando…. — Aradia se había levantado, acercándose a ella lentamente.
— Haces bien en asustarte. No es un asunto que deba de tomarse a la ligera — Replicó la aludida — Ponte los zapatos. Rápido.
La chica obedeció, poniéndose las deportivas y cogiendo una chaqueta, antes de salir de la habitación tras Erina. La mujer caminó  hasta la entrada de la casa y puso las llaves del coche en la mano de Aradia. Ésta la miró sin comprender lo que ocurría.
— Coge el coche y márchate. No pares en varias horas. Hay cosas que debes saber pero no hay tiempo…. — A continuación le entregó el manuscrito con brusquedad, junto con algo más de dinero — Todo lo que tienes que saber está ahí dentro… léelo cuando estés segura.
— ¿Y a dónde voy? — Preguntó ella, metiendo el libro en la mochila y colgándosela al hombro.
— A Barcelona. Yo me reuniré contigo en cuanto pueda. — contestó la mujer, abrazándola — Cuídate y ten mucho cuidado. No confíes en nadie, ¿vale?
La chica asintió nerviosamente, mientras salían de la casa.
— Y una cosa más, Aradia…. — dijo, antes de que ésta se metiera en el coche —- Si coincides de alguna manera con Kai… (Si, el cantante, no me mires así) intenta hablar con él y guárdale las espaldas. Como ya te he dicho está todo en ese libro, así que pronto lo entenderás...
Tras una breve despedida, Aradia arrancó el coche y se marchó. Erina volvió a entrar en la casa, abatida. Sacó el movil y marcó un número con rapidez. Al tercer tono alguien al otro lado descolgó. Ni siquiera permitió que saludase.
— Ashar, soy Erina. Tenemos un problema y de los gordos. El día que todos temíamos ha llegado — La mujer hablaba a una velocidad considerable y muy nerviosa. — Es posible que el palacio de diamante haya caído porque han venido a por ellos y a por el manuscrito. He logrado poner a Aradia a salvo haciendo que se marchase de aquí en coche e incluyéndole amuletos de ocultamiento y protección entre la ropa, pero no sé cuanto tiempo harán efecto. 
Al otro lado de la linea una voz masculina hablaba con solemnidad. Se le notaba inquieto. Por mucho que intentase ocultar su nerviosismo Erina sabía que lo estaba.
— No puedo decirte a donde la he mandado, Ashar. Podrían escucharnos. — Replicó la mujer —  Solo ocúpate de que el muchacho salga de aquí sano y salvo. Y cuando descubra quién fue el genio que le sugirió éste lugar a su madre para sus vacaciones me ocuparé de que pague por su enorme metedura de pata. 
Algo la alertó de repente, como un perro escuchando un ultrasonido, inaudible para los humanos. Colgó el móvil y se dirigió con paso decidido hacia la enorme biblioteca, al tiempo que oía como alguien abría la puerta de la entrada con gran estruendo. Echó a correr entre las estanterías, mirando de vez en cuando hacia atrás, con pavor. El rasgueo de una capa cortando el viento sonaba tras ella. Paró de correr y tomó aire. Había llegado el momento de actuar. 
Una de las estanterías cayó con un fuerte estruendo. El encapuchado hizo un movimiento circular, formando una bola de energía y lanzándosela a Erina con fuerza, quien la desvió facilmente con un simple giro de muñeca y arremetió haciendo que varios libros saliesen disparados contra el intruso. Ni siquiera le rozaron y si se acercaban lo más minimo a él un campo de energía los repelía con evidente facilidad. Erina masculló algo por lo bajo y chasqueó los dedos. Varias esferas de lúz aparecieron, chocando brutalmente contra el enemigo, quién le lanzó un rayo negro que le rozó el hombro a la mujer, rasgándole la blusa y haciéndole un corte en la piel. 
— ¿Crees realmente que podrás protegerlos a todos? — La voz del desconocido era cavernosa, áspera y llena de maldad — Tus poderes han disminuído. Ellos no saben quienes son ni que hacer con sus dones...Acabarán muertos y lo sabes. Nada se interpondrá en el camino del Lord.
— ¡Deja de decir chorradas! — gritó la mujer, molesta, mientras lograba lanzarle al tipo una estantería entera. 
El ser se deshizo en humo antes de que la estantería lo aplastara conta la pared y Erina tardó menos de un segundo en echar a correr hacia su cuarto. Vendrían más. Muchos más. Lo mejor sería salir de aquel pueblo lo antes posible, en dirección opuesta a la muchacha. Lo mejor sería huir a Madrid.

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