miércoles, 23 de abril de 2014

Capítulo- 5


5- Responsabilidad

Las dos semanas siguientes fueron un jodido infierno para mí. Fuera a donde fuese tenía a María Sforza y Fiorella di Medici vigilándome. Aunque ni tan siquiera estuvieran allí yo sentía sus intensas miradas clavándose en mi cogote. Hasta soñaba con Ella y sus amenazas. Tenía claro que me iba a negar pero, al parecer, el plan de la chica era acojonarme hasta que aceptase. 
Era jueves por la noche y me encontraba en la puerta de mi dormitorio, en pantalon de pijama, sin parte de arriba y cagándome en todos los muertos de Tom, mi compañero de habitación provisional. No es que tuvieramos compañeros de habitación. En realidad quienes más dinero pagaban a la academia, entre ellos yo 8mejor dicho, mi abuelo), teníamos habitaciones individuales. Pero, por desgracia, uno de los baños de la zona se había jodido y había afectado a varias de esas habitaciones, así que nos habían rehubicado. ¿El problema? Que los profesores y encargados pasaban de lo que nosotros hacíamos, lo que se traduce en noches de sexo (y algunas mañanas y tardes también, para qué mentir). Y precisamente por eso Tom me había echado a patadas. 
Aporreé la puerta, gritando que estaba medio en bolas y asegurándole que como no me dejase coger mis cosas le metería la cabeza en el váter. Al parecer no se tomó muy en serio mi amenaza, porque lo único que hizo fue abrir la puerta lo justo para tirarme una camiseta de manga corta a la cara y volver a cerrarla. no me golpeó de milagro. Lo pimero que pensé fue en pedirle ayuda a Jack. La idea se borró de mi cabeza al recordar que tenía novia formal y que seguramente estaría con ella.También pensé en llamar a Xandro para pedirle el favor, pero obviamente no tenía el movil. Suspiré y decidí arriesgarme. Caminé hasta su habitación mientras me ponía la camiseta (negra y lisa. al menos era de las mías y estaba limpia. Un detalle por parte del cabrón de Tom). Llamé un par de veces y comencé a mirar mis pies descalzos con aburrimiento mientras esperaba. Casi me muero del susto al ver una melena pelirroja frente a mi.
-¿Que quieres a estas horas, Luca? - Fiorella me miraba fijamente, con cara de pocos amigos y un pijama adorable de búhos. La miré asombrado, casi sin saber qué decir.
-¿Está tu hermano? - dije, finalmente, aún sin reponerme del asombro. Me temía lo peor. 
-No. Y no me preguntes donde está porque no quiero saberlo. - sentenció, con cara de repelús. - ¿Para que lo buscas?
-Mi "adorable" compañero de cuarto provisional me ha echado para poder tirarse a la novia a gusto. -Ironicé - Necesito un sitio donde poder dormir.
Ella se apartó de la entrada, indicándome que podía pasar. No me lo pensé dos veces. Lo último que quería era que la chica cambiase de idea.
- ¿Y tú que haces aquí? - Le pregunté dejándome caer sobre un sillón mientras veía como ella cerraba la puerta intentando no hacer ruido. - No me digas que te ha pasado lo mismo...
-Pues sí. Y por lo que veo echar a alguien dejandole a penas tiempo para que coja su neceser es algo de lo más común por aquí. - Estaba irritada.
-Lo mío es peor. Yo he tenido que rogar para que me dejasen entrar a coger una camiseta. Y por si te interesa, no me han dejado. Me la han lanzado a la cara y casi me como la puerta cuando la han vuelto a cerrar.... 
-Puedes quedarte aquí. - Afirmó la chica, miertras iba de aquí para allá, buscando algo por los cajones de su hermano - La habitación no es pequeña y hay una cama bajo la principal - cada vez parecía mas desesperada y frustrada. Finalmente no pude contenerme y le pregunté que narices estaba buscando con tanto ahínco.
-Mi inhalador. Creí que me lo había traído o que Xander tendría el suyo por aquí, pero no encuentro ninguno de los dos... - ambos mellizos eran alérgicos a mil tipos de plantas distintos y a los ácaros del polvo, así que siempre tenían ventolín y pastillas de la alergia a mano para combatir los efectos - Tendré que ir a buscar el de recambio. 
-Está bien, yo te espero aqui y...- comencé a decir. Ella me miró enfadada.
-¡De eso nada! ¡Tu te vienes conmigo! -sentenció - tengo que ir a mi habitación individual y necesito que vigiles que nadie nos vea o que no me pase nada por el camino. 
-¿En que momento acepté protegerte, pelirroja? Dije que me lo pensaría, no que lo hiciera. 
-¡Dejate de gilipolleces, Luca, sabes perfectamente que necesito ese medicamento! - Estaba despeinada, me miraba fijamente y se había acercado a mi rostro con gesto amenazante. Se le notaba el enfado a la legua, tanto en su frío tono de voz como en sus ojos ardientes. Pero yo no podía más que tener unas ganas enormes de reír y achucharla. ¿Cómo podía pretender que me tomase en serio su mirada asesina con ese pijama tan adorable de búhos?.
Finalmente accedí a acompañarla cuando me amenazó con degollarme con las tijeras de cortar papel. (algo de lo que Ella era muy capaz y, aunque no sabía si podría lograrlo, no quise tentar a la suerte). El pasillo estaba tan silencioso que se podían escuchar perfectamente nuestras respiraciones y nuestros pasos. Sabía perfectamente donde estaba su habitación, más que nada porque la mía no quedaba lejos de la suya. Pero poco antes de llegar, y debido a una de mis bromas sin gracia, nos enzarzamos en una absurda discusión entre susurros que iban subiendo poco a poco de tono. 
Todo ocurrió tan rápido y estábamos tan metidos en nuestra estúpida disputa, que no lo vimos llegar. No recuerdo gran cosa, solo escuchar un gran estruendo y saltar sobre Fiorella para protegerla. Había escuchado tantas veces aquel sonido que mi cerebro lo había reconocido casi al instante. La bomba destrozó la habitación de la chica y varios trozos de gravilla y muebles rotos nos alcanzaron, provocando varios cortes y algunos golpes. Una intensa polvareda lo envolvía todo. No tardaron en venir alumnos y profesores para ver que había sido aquel estruendo.
Los profesores casi se mueren del susto al vernos heridos. Sobre todo por, Fiorella, a quién había empezado a darle un ataque de asma. Como los inútiles de los profesores no sabían qué hacer me metí de lleno en el núcleo de la explosión y comencé a buscar entre los escombros el inhalador de repuesto. Tuve muchísima suerte. Eso fue lo que pensé al ver el cachivache bajo un par de tablones enegrecidos. Lo limpié un poco con la camiseta antes de acercarme a Ella y obligarla a utilizarlo. 
Clavó sus ojos pardos en mi y murmuró un gracias casi sin fuerzas. Y en ese momento supe que había aceptado su petición de protegerla y ayudarla a encontrar al culpable. Ahora ella era mi responsabilidad.

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