miércoles, 23 de abril de 2014

Capítulo- 4


4- El Chantaje de Rosanera

- La Emperatriz te ha vuelto a mirar, Luca - Me murmuró Jack Miller, intentando disimular el gesto. 
Nos encontrábamos en la hora de la comida, en el restaurante de la academia. Si, la jodida academia era tan puntillosa que teníamos restaurante propio. La cafetería solo se usaba a la hora del desayuno y en horas libres o cuando no apetecía ir a clase. E incluso en esos momentos muchos ni la pisan. Sea como fuere cada cual se sienta con sus amigos o, como mucho, con gente de su grupo social. Por desgracia aquellos perfiles elitistas del institutos se seguían manteniendo en la Academia Norette y obviamenteera improbable que aquello cambiase a corto o medio plazo.
En mi caso me había sentado con los mismos de siempre: Jack Miller, hijo de un político vendido y amante del dinero, Tom Welles, primogénito de un mafioso de segunda y Carla Ambrosio, cuyos padres habían evitado la carcel a tantos tipos de dudosa reputación que no sabía siquiera si podrían dormir tranquilos por las noches (aunque seguramente su enorme sueldo les compensaría). No es que fueran unos santos, pero al menos eran de los mas respetables de por allí y no se metían en mi vida. 
- ¿Llevas la cuenta? - No miré a mi amigo al hablar, solo seguí pendiente de mis tallarines de queso.
-No, pero es extraño - setenció Carla, mientras mordisqueaba su ensalada. Cada mes le daba por algo distinto, éste era el mes del vegetarianismo. El pasado le había dado por los abrigos de piel. - Quiero decir...Ella di Medici nunca te había mirado antes...
Reprimí una risa irónica. nadie en aquel lugar estaba al tanto de mi pasado con Ella, cosa que agradecía profundamente. Cualquier otro hubiese matado por poder alardear de una relación así con aquella chica, pero yo no. Su indiferencia hacia mi hacía mucho mas sencilla mi vida en aquel lugar, además, no quería morir a manos de Xandro. Apreciaba demasiado mi vida como para eso
-Ahora le está cuchicheando algo a Sforza y ambas te miran - Miré a Tom, frunciendo el ceño. Ella solía sentarse con sus hermanos, su prima y su guardaespaldas personal. Éste no me miró, pero levantó el rostro hacia algo tras de mi, obligándome a girar la cabeza.
Me extrañó mucho ver a María Sforza clavándome sus ojos azul verdosos con fría y seria intensidad. Carraspeé y le dediqué una leve sonrisa. Ella no se inmutó. Se inclinó levemente sin dejar de mirarme y sin cambiar el gesto.
-Tú, Sazzio, sígueme - Dijo con firmeza y brusquedad. Carla iba a replicar algo pero yo no la dejé. Les hice una señal de calma a mis amigos y me levanté tranquilamente de mi silla.
Seguí a María fuera del comedor. Mientras caminaba miré ligeramente hacia la mesa de los di Medici. Vi a Sofía y Xandro hablando con Tatiana, pero ni rastro de Ella. Mala cosa. María se giró para lanzarme una mirada que yo interpreté como una señal para que acelerase el paso. Esa mujer me daba miedo. Era quien que mas confianza tenía con Ella, algo así como una mezcla entre su dama de compañía y una guardaespaldas. Lo sabía todo de la chica y, por desgracia, también lo sabía todo de mi. Y yo no le caía precisamente bien. Me llevó hasta un pasillo vacío y me obligó a detenerme. No se lo confesaré jamás a nadie pero en un principio pensé que iba a matarme.
- Espera aquí, Sazzio - me dijo con un tono de voz molesto - Fiorella vendrá en un momento...
Esa chica era la única mujer que conocía fuera de su familia que tenía ovarios a llamarla Fiorella y que aún no había sufrido las consecuencias. De hombres aún no había conocido a ninguno. Se marchó de allí con paso firme, haciendo que sus tacones resonasen en el lugar. A penas pasáron unos segundos desde que la perdí de vista cuando Ella di Medici apareció por el otro extremo del pasillo.
-Luca...- dijo, a modo de saludo. su tono de voz era tranquilo, relajado y cordial, aunque había algo en todo aquello que no me gustaba nada.
-Ella...- mi respuesta llevaba el mismo tono que su saludo. Le dediqué una leve sonrisa mientras me recargaba contra la pared y metía las manos en los bolsillos. - ¿Que se le ofrece a Rosanera de un renegado?
A nadie se le ocurriría bromear con ella y su apodo de la mafia de aquella manera y mucho menos en mi situación. Pero, como ya os he dicho, soy un tanto gilipollas y suelo jugarme el cuello cuando no debería. Me gusta vivir al límite. Está claro que me faltan unos miles de neuronas.
- Me temo que nada agradable, Luca..  - Por extraño que parezca, sonreía con acritud, intentando seguirme la broma. Yo la miré, incitándola a seguir hablando - Necesito tu ayuda.
Parpadeé varias veces intentando asimilar sus palabras. ¿Mi ayuda? ¿En serio? Imposible. Fuera lo que fuese en lo que me necesitaba debía de bromear. Ella era mejor que yo en casi todos los aspectos, excepto en meter la pata, cagarla, complicar las cosas y buscase problemas. En todo eso yo era el rey del lugar. Pareció ver la incredulidad reflejada en mi rostro, porque no me dejó abrir la boca y volvió a hablar.
- Puede que pienses que estoy de broma pero lo digo en serio - se acercó mas a mi. Su perfume a fresa me golpeó con fuerza y causó que mis sentidos se pusieran alerta de golpe - Alguien está intentando matarme.
- Matarte. A tí - repetí. Seguía flipando. - A una de los hijos de los di Medici. A la Emperatriz de Noraltto. A....
-Si, vale Luca, creo que ya he captado tu punto de vista - afirmó, seria, cruzándose de brazos y con una mueca de disgusto en la boca. Su mirada parecía arder de frustración - Mira, piensa lo que te de la gana, pero durante los últimos meses me he librado de tres coches bomba, dos falsos intentos de robo en casa y varios tiroreos. Y por desgracia mi precioso cuerpo ha quedado marcado con unas cuantas cicatrices.
-Las cicatrices son sexies. Seguro que en ti quedan mas sexies aún - afirmé, sonriendo de manera seductora. Como ya he dicho soy un gilipollas y un ligón. No puedo remediarlo. A ella obviamente no le hizo ninguna gracia.
- Hablo en serio, imbecil - escupió, apartandose un mechón de cabello del rostro. Se subió la blusa. Tenía el torso totalmente vendado.
Me puse serio y mi cuerpo se tensó al ver aquello. Puedo ser todo lo cabrón que la gente quiera pero toca a alguna de las personas que me importan y juro por dios que acabarás mal. Muy mal. Y por desgracia para mi esa chica me importaba demasiado. Venenosa o no. Peligrosa o no. Futura emperatriz del crimen del país o no. Verla herida había sido peor que recibir un puñetazo en el estómago. Apreté los dientes e inspiré profundamente intentando controlar mi respiración.
-¿Quien coño te ha hecho eso? - Pregunté, mirándola fijamente. Fiorella me mantuvo la mirada, casi sin parpadear.
-No tengo ni idea. Ese es el problema, Luca, que puede ser cualquiera. - Chasqueó la lengua, molesta - Alguno de los hombres de mi padre, mis amigos, enemigos de la familia o alguna zorra celosa de la academia. Eso da igual. La cuestión es que quieren matarme y no puedo confiar ni en mis propios guardaespaldas.
-Confías en Sforza - le solté, recordando que había sido ella quien me había llevado a la reunión con la chica. Pero Ella negó con la cabeza.
- A medias. A ella solo le dije que necesitaba hablar contigo en privado. - replicó - Ya te lo he dicho, no puedo confiar en nadie. Ni siquiera en mi familia.
- Pero ellos.... -intenté decir. Ella no me dejó, Me sujetó por la camiseta y me estampó contra la pared en un solo movimiento. Sentí la furia emanar de su cuerpo. Maldita controladora...
-¿¡Que parte de "No se quien cojones intenta matarme" no entiendes, pedazo de subnormal descerebrado?! - Ahí estaba la chica por la cual me había quedado pillado hace años. Una zorra deslenguada y bestia. Sentí como volvía a estampame contra la pared. - Voy a volver a explicarlo y espero por tu bien que tu atrofiado y diminuto cerebro de insecto lo asimile: Hay un cabrón en mi circulo de amigos y/o conocidos que intenta convertirme en jodidas partículas de carne y no tengo ni puta idea de quien es el desgraciado. No puedo confiar en nadie de los que hay a mi alrededor o alrededor de mi padre.... excepto en ti.
Si. Vale. Lo había entendido. Pero no pude evitar sorprenderme al escuchar que era el único en el que podía confiar. Creí ver un atisbo de súplica y esperanza en sus ojos, pero si fue algo real se fue tan rápido como llegó. Era Fiorella di Medici. Ella no suplicaba.
-¿Puedo prenguntar el por qué de tu fe ciega en mi? - le dije, frunciendo el ceño - No me malinterpretes, pelirroja, me halagas.... - Dato random: Siempre la he llamado pelirroja. Es un apodo jodidamente sexy y ella nunca se ha quejado. Lo sé, no tengo una mierda de originalidad. - pero me resulta algo extraño ya que llevamos sin hablarnos varios años.
- Precisamente por eso, Lupo - Me respondió, sonriendo. Lupo. Lobo. ¿Cuanto hacía que nadie me llamaba así? - llevas el tiempo suficiente alejado de este mundo como para no tener ni zorra de lo que se cuece. Además dudo que quieras matarme.
- Sigo teniendo mis contactos, pelirroja...- Ignoré su último comentario. - ¿Para que quieres mi ayuda?
- ¿Acaso no es obvio? Quiero encontrar a ese tipo y matarlo. Pero necesito ayuda....y protección. - ¡Ah, no! No, no, no, no, no, no. Su sonrisa declaraba que no era una petición. Era una orden.
-Estoy fuera del negocio, preciosa - Le dije. Me costaba negarme a encontrar al hijo de puta que le había hecho daño, pero no tenía otra elección. Ayudarla sería volver a aquella vida y firmar mi sentencia de muerte todo a la vez. Comencé a caminar, alejandome de la chica - Búscate a otro que muera por ti.
Fue entonces cuando su voz hizo que me parase en seco y la mirase horrorizado.
- En ese caso no me queda otra solución que contarle a Xandro cierto temita entre nosotros....- Me acerqué a ella en tres zancadas, alarmado - Será una información muy esclarecedora....
- No serás capaz....- Aquello de chantajearme con nuestra relación fue un golpe bajo.
-Claro que lo soy.....Estoy segura de que mi hermanito escuchará con muchísima atención la historia de como me hacías gemir todas aquellas veces....- Me dedicó una amplia sonrisa. La muy zorra estaba disfrutando torturándome de aquel modo, utilizando mis sentimientos a su favor. Resoplé.
-Deja al menos que me lo piense, Ella - dije, al fin - Si me lo pienso tranquilamente, ¿Te callarás la boca?
-Si prometes pensarlo detenidamente y, al final, me dices que no.... no le diré nada a Xandro. - Sentí como un enorme alivio me invadía - Pero piénsatelo. Como me entere de que no lo has meditados sopesando la gravedad del asunto me iré de la lengua.
-Esá bien, zorra chantajista y manipuladora - respondí, al fin - Tu ganas. Me lo pensaré.
-Has hecho lo correcto, Luca.
Fiorella besó la comisura de mis labios y se marchó con paso ligero, con su cabellera pelirroja balanceándose suavemente. Yo, por el contrario, me quedé ahí plantado. Esa maldita había estado jugando conmigo, teniéndome a su merced desde el principio. Acababa de joderla pero bien

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