miércoles, 23 de abril de 2014

Capitulo- 3


3- Pelirroja Venenosa

Antes de seguir con mi historia creo que es conveniente explicar como conocí a Fiorella di Medici. Había oído hablar de ella toda mi vida, al igual que de sus otros hermanos, pero nunca la había visto.... hasta ese día. 
Los di Medici habían organizado una increible y lujosa fiesta por el 18º cumpleaños de su hijo mayor, Carlo, y mi familia estaba invitada. Había visto a Carlo en un par de ocasiones, en casa, acompañando a sus padres en visitas esporádicas. Inclusive había llegado a conocer a Alessandro di Medici, el hermano mellizo de Fiorella pero, como ya he dicho, a ella jamás la había visto. 
Así que allí estaba yo, un crío de once años con traje de chaqueta y camisa que se había negado a ponerse corbata, intentando parecer un adulto en una fiesta en la que me estaba muriendo de aburrimiento. Incluso teniendo a Alessandro al lado contando estupideces. En cierto momento decidimos largarnos. Nos fuimos a explorar los pasillos de la casa, buscando algo mas interesante que hacer.
No sé en que momento perdí de vista a Xandro, pero cuando me quise dar cuenta todo se había sumido en un silencio aterrador. Caminé intentando situarme, sin éxito, rogando encontrar a mi amigo y que ningún guardia me tomase por un ladrón. Fue entonces cuando la vi, apoyada en la pared y jugando con un cuchillo significativamente afilado. Su cabellera pelirroja le caía sobre los hombros como llamas de fuego y su piel blanca contrastaba imponentemente con el negro del vestido. Pese a ser solo una cría de doce años, logró que se me congelara la sangre.Me giré con intención de irme de allí, pero entonces levantó la mirada y me clavo sus ojos pardos con intensidad.
-¿Te has perdido? - preguntó, sonriendo. Intenté decir algo pero la voz simplemente no salió. Tenía la garganta seca. - Ya veo... 
Se me acercó, observándome con detenimiento, como un león acorralando a su presa. (Si, ya sé que hace poco la comparé con una pantera. Da igual. Ambos son felinos) Yo no me moví, deseando que aquello acabase pronto. 
- Eres...¿Luca Sazzio? - Preguntó, con curiosidad. Yo asentí. - Soy Fiorella di Medici, la hermana de Xandro. Pero llamame Fiorella y te mataré. Odio ese nombre. Prefiero Ella. 
-Encantado...- Dije, al fin. Desde luego Alessandro tenía razón cuando dijo que su hermana intimidaba. Yo no me podía mover. Casi agradecí escuchar la voz de mi amigo a lo lejos, mientras se acercaba a nosotros. 
- ¡Luca, por fin te encuentro! - luego se giró a la chica, mirándola con reproche - Ella, deja de asustar a los invitados. Me voy a quedar sin amigos por tu culpa. 
La muchacha lanzó una carcajada divertida y cambió la actitud. Hasta creí notar que me miraba diferente.
- Lo siento, lo siento...es divertido - Se excusó, entregándole el cuchillo a su hermano - Siento haberte asustado, Luca.
-No me has asustado -Repliqué. Primera regla de Luca Sazzio: Nunca, JAMAS, admitas estar asustado o triste o enamorado delante de tus amigos o de una mujer. Y muchísimo menos de ESA mujer. - Solo estaba sorprendido.
-Ya, siento haberte "sorprendido", entonces... - dijo Ella, con una media sonrisa divertida. 
No volvimos a la fiesta. Nos pasamos todo el rato de aquí para allá, los tres juntos, corriendo y haciendo cosas de niños. supongo que ese fue el principio de nuestra amistad.Sobre los catorce o quince años dejamos de quedar los tres y empecé a quedar con ellos por separado. no es que se llevaran mal, pero había cosas que Xandro no quería que supiera Ella....y viceversa. Además mi relación con Ella unca fue normal.
Ella era una mala influencia para cualquiera que se le acercase, pero a mi poco me importaba. Total, mi familia ya estaba metida en una vida lo suficientemente oscura para darme igual. Ibamos a campos de tiro, nos metíamos en peleas y robábamos coches solo por sentir la adrelanina recorriendo nuestras venas. Por su culpa me enganché al tabaco y con ella pillé mi primera borrachera. Jamás tocamos las drogas, pero en nuestras vidas había tantos problemas acumulados que poco importó. Además, el episodio de mi primer porro de marihuana fue con Alessandro. 
Cuando a los diecisiete decidí desvincularme de aquel mundo ambos intentaron convencerme de que no lo hiciera, pero cuando me planté y aseguré que iba en serio ninguno de los dos me lo reprochó y dejaron de insistir. Alessandro incluso me preparó una "despedida del mundo de la mafia". Me llevó a clubs de streapteise y pagó a chicas para que se "ocupasen" de mi (según él mi actitud de santurrón y virgen con las mujeres le estaba empezando a poner de los nervios). Yo fingí no tener ni puta idea de que coño había que hacer y le di el gusto para salvar mi propio pellejo. Porque como se enterase de que llevaba un año tirándome esporádicamente a su hermana me mataría. 
Que conste que lo de liarme con Fiorella no fue premeditado. Fue ella la que se me lanzó encima la primera vez, mientras practicábamos tiro al blanco. Yo la había enfadado con mi penosa habilidad apuntando, Ella insistió en enseñarme como colocar las manos...y acabó enseñandome cosas que poco tenían que ver con las Glock. Yo tenía dieciseis años, ella diecisiete. Nunca fue algo serio. Aquella relación ni siquiera era una relación propiamente dicha. Pero morder la manzana me condenó de por vida.
Cuando me largué de casa y entré a la universidad dejé de saber de ellos. Se suponía que también estudiaban en Noraltto pero en mi primer año no les vi el pelo. Regresaron al año siguiente, argumentando haberse tomado un año sabático por asuntos familiares y entrando a su segundo año de carrera. Con Xandro todo fue bien, nos seguiamos tratando, pero la cosa cambió con Fiorella. El distanciamieto fue inmediato y frío. Nunca me miraba y, si llegaba a hacerlo, sus ojos me atravesaban, como si yo no estuviese ahí.
Esa actitud me carcomía a cada momento, haciendo que me tirase a cualquier chica que podía y coquetease con todas para apagar mi jodida frustración. Y eso no solo no funcionó sino que, para colmo, causó que me volviera popular, cosa que no buscaba para nada. ¿patético, verdad? Bueno, no tengo la culpa de ser asi de gilipollas.

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