martes, 4 de febrero de 2014

Capitulo III

CAPITULO III

La joven asesina, oculta tras unas gafas de sol y una larga peluca negra miró a la mujer pelirroja de intensos ojos grises que estaba sentada ante el escritorio.
          — Úrsula…—musitó sin ninguna expresión en su joven rostro —Me sorprende verte aquí. ¿Qué ha sido de Alicia?
          — Tiene un trabajito muy suculento entre manos  — dijo la aludida — Y me ha tocado a mí sustituirla, como ya ves.
Sonrió mostrando una hilera de blancos dientes. Por supuesto ‘Úrsula’ no era su nombre real, era un apodo que le habían puesto sus compañeros porque la mujer engañaba a sus víctimas y hacía que le obedeciesen en todo, engatusándolas con palabras atractivas y con su voz seductora para, mas tarde, reclamarles altas cantidades de dinero y acabando con ellas sin piedad, gracias a sus frases con dobles sentido y a su nueve milímetros. De igual forma que actuaba la villana de dibujos.
—   Bien…Dime que es lo que tengo que hacer
          — Tan directa como siempre, Ice  — Volvió a sonreír — Eso me gusta. Se trata del caradura de Walter McDowell
          — ¿El amiguito de Sergio Di Stella? —la mujer alzó una ceja — creí que era uno de los grandes de la mafia por esta zona.
          —Sus colegas no están muy felices con él…..Al parecer se está gastando todo el dinero común en caprichitos caros.
Le pasó una carpeta marrón que Crystal tomó y miró por encima.
          — Drogas, alcohol…Afición a visitar lugares de sórdida reputación, adicción al juego, a las apuestas y a ‘jugar’ con mujeres de vida fácil con látigos y esposas incluidos…—leyó la asesina —Pero, en general, esto es muy típico entre ellos.
          — Bueno, un encargo es un encargo, Ice. — contestó Úrsula, entrelazando las manos sobre el escritorio — Y pidieron expresamente reunirse contigo en el hipódromo, así que ya estas tardando en cambiarte y  encaminarte hacia allí.
          — Por suerte no dejé mi pistola de repuesto en casa— musitó mirándose de reojo el tobillo derecho y dirigiéndose hacia la puerta.
—   Sé discreta, Ice
          — Discreción es mi segundo nombre —Contestó ella, parándose en el umbral y sonriendo de medio lado
          —Creí que tu segundo nombre era Mary
          — Lo es. Y por esa misma información le volé los sesos a un principiante que se quiso pasar de listo, así que no lo divulgues.
Reanudó la marcha ignorando las risas de Úrsula. Lo que había dicho era muy cierto pues en la organización por los apodos o, como mucho, por los nombres. La gran mayoría ignoraba si sus compañeros tenían o no segundos nombres y si los que usaban eran falsos o no. Después de todo aquel mundo era terriblemente peligroso. Solo con tu identidad podían delatarte y, por consiguiente y como mínimo, acabar en la cárcel de por vida. En cuanto a Crystal, su fama como vedette en los clubs de la organización Sansburgo la dejaba a otro nivel distinto de sus compañeros y la salvaba de muchas cosas. Aunque era un arma de doble filo. Por eso debía de tener extremo cuidado a la hora de actuar.
* * *
Crystal Saryn llegó al hipódromo ataviada con un elegante y caro vestido de color blanco impoluto, unos tacones y una gran pamela a juego. Llevaba puesta su peluca negra y ocultaba sus ojos tras unas gafas de sol. Su automática con silenciador se encontraba en su bolso de mano y había ocultado la pequeña pistola de emergencia en su escote.
          — ¿Busca a alguien, señorita? — La pregunta la realizó un tipo robusto y de mediana edad. Llevaba el cabello teñido de negro y vestía un traje de seda a rayas y corbata azul. Era uno de los capos con más peso de la mafia.
          —El señor Drake, supongo.
—   Supone bien. Marcus Drake para servirle. ¿Qué se le ofrece, señorita?
          — Sansburgo me envía para solucionar su problemilla… — la asesina  se retiró ligeramente las gafas y le miró. El capo sonrió ampliamente.
—   Entiendo…Si es tan amable de seguirme, por favor….
La mujer se recolocó las gafas, ocultando nuevamente sus ojos, del color del hielo, y siguió al mafioso hasta una mesa, situada en un reservado, sentándose frente a él y cruzando las piernas.
          — Nuestro amiguito McDowell planea algo gordo y nos ha dejado a todos fuera —Explicó el hombre —Además, lleva meses chupando más dinero que el resto. Eso no nos gusta. No nos gusta nada. Le dimos un ultimátum y se lo tomó a risa. Ya es hora de que aprenda que con la mafia no se juega. Ahora mismo está en la azotea del pabellón C, solo y fumando como un cosaco.
La mujer sacó un cigarrillo pero, antes de poder llegar a sacar el encendedor, Marcus Drake ya estaba ofreciéndole el fuego del suyo propio.
          — Gracias — contestó cortésmente, mientras le daba una calada. —Será un trabajo limpio y discreto. Supongo que está informado de la forma de pago.
          —Ingresaremos el dinero en cuanto cumpla el encargo y se marche, estese tranquila. Permítame decirle que para ser tan joven es toda una profesional.
          —Las apariencias engañan, señor Drake. Gracias por el halago.— le dio otra calada al cigarro y volvió a hablar — Su ‘amigo’ no volverá a causarles más problemas. En cuanto a mí…Nunca me ha visto y esta conversación jamás ha tenido lugar.
          —Toda una profesional, si señor…Manny, acompaña a la joven y elimina las pruebas cuando ella termine su parte.
El aludido, un matón grandote y con aspecto de gorila, sonrió divertido y se crujió los nudillos.
Crystal no tardó en hallar el pabellón C y las escaleras que daban a la azotea. Le hizo una seña a  Manny y éste se paró junto a ellas, mientras la mujer le entregaba el cigarro que se había dejado a medio y subía.
Walter McDowell era un hombre alto, delgado y calvo y la expresión habitual de su rostro era de dureza constante. En ese momento se encontraba apoyado en una pared de hormigón, fumándose un puro que desprendía un fuerte olor nauseabundo, según Crystal. La asesina sonrió complacida al verlo y extrajo un cigarrillo del paquete que llevaba en el bolso.
          —Disculpe, caballero…— dijo, haciéndose la dama desvalida — ¿Sería tan amable de darme fuego?
          —Como no, jovencita…— McDowell prendió el cigarro con su mechero, examinándola con ojos de lobo.
          — Gracias — Le dio una profunda calada y expulsó el humo lentamente.— Que calor hace hoy…
          —Si, es cierto…hoy hace mucho calor para ser septiembre— El hombre sonrió  —  soy Walter McDowell ¿Y usted es….?
          —Así que usted es el señor McDowell…— dijo ella, ignorando su pregunta
          —Ha oído hablar de mí, por lo que veo
          —No lo sé…He oído hablar de un McDowell, que no tiene muy contentos a sus socios…
          —¿E-enserio? — El hombre se puso amarillo.
          —Si, así es…y sus socios han perdido la paciencia — siguió Crystal, con voz neutral— Están cansados de sus despilfarros y sus trapicheos a espaldas del resto…
McDowell palideció aun más.
          —Y, como solución a todo eso, han contratado a alguien para que lo elimine — hizo una leve pausa—¿Le suena el nombre de ‘Ice’?
          —Vagamente, señorita… — dijo él, nervioso.
Crystal suspiró, se colocó el cigarro en la boca y sacó la pistola del bolso.
          —Es una pena…porque debería sonarle bastante — dijo, al tiempo que lanzaba las gafas y el bolso al suelo y le miraba.
El reflejo de la mirada de la muerte apareció en aquellos ojos azules y taladró los asustados ojos del mafioso.
          —O-oye…D-diles que les devolveré todo el dinero…
          —Ya es tarde para eso, Walter… — repuso la mujer tomando el cigarro con la mano libre.
El hombre, que había empezado a sudar abundantemente, cayó de espaldas, quedándose sentado en el suelo.
          — Nena, vamos….apiádate de mí...
          —Imposible. El trabajo es el trabajo, tú lo sabes. Además…pagan demasiado bien.
La mujer deslizó la pistola hasta la frente del hombre, que escondió el rostro entre sus manos.
          —Por lo menos podrías morir como un hombre— dijo la asesina, de manera fría— Encárame, sanguijuela.
El desdichado subió lentamente la vista, lloriqueando.
          —¿Ultimas palabras?— susurró ella.
          —Si me….si me matas…..jamás sabrás quién mató a ‘Cendres
La mujer apartó el arma y le golpeó con la culata de la pistola.
          —No bromees sobre eso, Walter. Si no quieres morir lenta y dolorosamente.
Estaba furiosa. ‘Cendres’ era el apodo de Cathya y hacía referencia a su manía de incinerar a sus víctimas, hasta el punto de solo dejar cenizas de ellas.
          —No bromeo, nena… — dijo Walter, tras escupir sangre y un par de dientes.
La joven le introdujo bruscamente el arma en la boca. El mafioso tosió.
          —Vas a contarme todo lo que sepas respecto al asunto, calvorota — le espetó ella fríamente — Así que ya puedes estar cantando como una soprano en su actuación estelar si no quieres acabar a cachitos.
          —Por lo que sé… — comenzó él, cuando Crystal retiró la pistola de mala gana — A Cendres se la cargaron porque descubrió algo gordo. No se el qué, pero lo que sí sé es que el que apretó el gatillo fue enviado por los mismos que mandaron convertir en coladores a tus viejos.
          —¿eso es todo, McDowell?
          —También….también te han puesto vigilancia… al parecer quieren mantenerte controlada…
          —¿Algo más? — Ice seguía impasible por fuera, pero por dentro era un manojo de nervios.
          —Ya no sé nada mas, te lo juro. Ahora perdóname la vida.
          —Lo siento, amigo. Pero no me han contratado para eso — Dicho esto, se alejó unos pasos y apretó el gatillo de manera casi morbosa.
El silenciador volvió a hacer su trabajo, mientras que los sesos quedaban esparcidos por el hormigón y el cuerpo sin vida del mafioso caía pesadamente al suelo. Una gota de sangre salpicó uno de los zapatos de la joven, que se apresuró a limpiar en las ropas del cadáver. A continuación le quitó el pesado anillo de oro que llevaba en el dedo meñique.
          —Esto será suficiente para demostrar que he cumplido —murmuró, al tiempo que le pegaba una última y larga calada al cigarro y lo tiraba al suelo, para apagarlo bien.
Una vez hecho esto lo recogió y lo metió en el bolso, junto con la pistola, para luego descender la escalera de metal. Manny la miró interrogante y ella sonrió de forma afirmativa, sin detenerse. Al pasar junto a la mesa de Marcus Drake introdujo el anillo del muerto en su cubata. Pudo escuchar como el capo reía con voz ronca mientras se perdía entre la multitud.
* * *
Keith suspiró. Los gritos de su compañera de piso, que habían empezado hacía diez minutos, no le dejaban pensar con claridad. No le hubiese gustado ser la persona al otro lado de su teléfono móvil. Intentó captar el tema de conversación pero todos sus esfuerzos fueron en vano, ya que la mujer hablaba en otro idioma. Por el acento y la entonación dedujo que era francés. Un francés cerrado y bastante bueno.
          —Tranquilízate, Ice — le decía Alicia, al otro lado de la línea, a una asesina fuera de sí. — Ni siquiera sabes si lo que dijo ese tipo era cierto.
          — ¡No me voy a calmar! — contestó ella. Ambas jóvenes hablaban en la lengua materna de Crystal — ¡Quiero que me cuentes todo lo que sabes ya! ¡Porque sé que me ocultas algo!
          — No sé nada, Ice. Te estoy diciendo la verdad.
          —¡Me da igual que me lo ocultes, Alicia! — Continuó Crystal — ¡Pienso llegar al fondo de todo esto y encontrar a los hijos de puta que mandaron meter una bala entre pecho y espalda a Cendres y me dejaron huérfana con nueve años!
A continuación colgó, furiosa. No había mencionado a Harmony. Ni falta que le hacía. Todos conocían la fijación de la joven por escapar de su pasado y, al mismo tiempo, encontrar a ese fantasma perdido en su presente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario